Cucos

El Cuco Murciano. Un palomo olvidado

 

Antecedentes

 

Corrían los años 70 cuando en el Campo de Cartagena el deporte de la colombicultura alcanzaba altas cotas de participación.

Mayores, jóvenes y niños, como todavía éramos algunos, participábamos con más ilusión que conocimiento arrastrados por una pasión que, en la mayoría de los casos, nos ha seguido durante toda la vida.

Aquellos eran los últimos años en los que la suelta del pica se regía por otras reglas, como todos sabemos. Iba a cambiar mucho este deporte, quizás en paralelo con lo que después fue cambiando la sociedad.

El agradable trabajo de los palomos por conquistar a la paloma fue transformándose en una loca carrera competitiva, estresante para la paloma, para los palomos y para los aficionados.

Se miraba, y mucho, el carácter de palomo, y también su raza. Se apreciaba sobremanera la estética, fundamentada en cabezas proporcionadas y armónicas, y picos cortos, sobretodo picos cortos. Los picos largos eran ridiculizados y provocaban la mofa de algunos aficionados hacia los dueños de algún esporádico pico largo.

Por entonces se hablaba del pica y del cuco. Y lejanamente, a veces, se escuchaba hablar de los palomos valencianos, que sin duda se trataba del que será estandarizado próximamente como Laudino Murciano.

El pica era determinado por diversos cruces, en los que participaba el cuco y otras razas.

En aquel momento no era raro escuchar a los mayores decir que, cruzando un valenciano con una zurita, y reencastando 5 o 7 veces, salían los mejores palomos de pica.

Cuando se visitaba un palomar de entonces, una pregunta muy típica era: “¿Son picas o cucos?”.

En los pueblos, al margen de la sociedad de Colombicultura, abundaba la afición a las palomas. Prácticamente cada casa poseía su palomar como soporte alimenticio de la economía familiar.

La carne de paloma era considerada de lo más exquisito, y muchos médicos, recordamos aún, recomendaban a veces tomar un buen caldo con carne de pichón. Por ello, criar palomas y tener palomos ladrones era muy común.

Los años 70 fueron, como decíamos, el final de la transición entre una sociedad tradicional aún arraigada en costumbres ancestrales y otra que desde los años 50 se había ido imponiendo a pasos agigantados.

Este cambio se notó en todo, y también en las palomas y el arte de cuidarlas y tenerlas.

El cuco, que era ladrón por excelencia, empezó a desaparecer de todas las casas por dos motivos: 1º El cambio social en el que la paloma dejaba de ser básica en la dieta familiar. 2º La imposición de la sociedades de colombicultura con la consabida eliminación sistemática de todos los palomares ajenos a los concursos de picas. Este segundo punto constituyó, como bien sabemos hoy, el mayor “colombicidio” (aplicación de la palabra genocidio al ámbito de las palomas) de la historia. Y el vivero genético “colombófico” del Levante español, origen de tantas variedades y razas de palomas, fue literalmente borrado del mapa.

 

¿Qué pasó con el cuco? Planteamiento del problema.

 

Estamos dando por hecho que existió, y aún existe muy limitadamente, esta línea de palomos de raza.

Curiosamente en el año 1992, cuando menos se lo esperaba uno, encontrábamos una pareja de cucos en las Ramblas de Barcelona. Su vendedor, el famoso Joan Trias, quien permanecía allí desde los años 30, dictaminó fulminantemente: “Esta pareja es de cucos murcianos”. Y añadió: “Casi todos los que sabían algo de esta raza están ya muertos”.

Observando esta pareja de color azul recién adquirida podía recordarse a la perfección como eran esos últimos ejemplares de los años 70. Eran enérgicos, melosos en extremo, con mucho celo todo el tiempo, y, eso sí, no muy buenos criadores. Normalmente entraban en celo antes de acabar la cría de los pichones, lo cual hacía que éstos murieran fácilmente, pero, no siempre sucedía así, y algunas parejas conseguían ser buenos reproductores. Este factor de dificultad en la reproducción fue uno de los motivos por los que algunos criadores se desesperaban, ya que antes el agregar huevos no era tan utilizado. Toda raza, para subsistir en el tiempo ha necesitado el factor de autoreproducción, a excepción de las razas modernas, cuyo objeto de existencia es meramente lúdico. A pesar de este factor desesperante, la mayoría de la gente insistía sabedora de la cualidad del cuco, pero fue en las últimas décadas cuando, ante la invasión de otras razas más fáciles de criar, además de los motivos anteriormente mencionados, que se fue abandonando la cría de esta raza paulatinamente. 

Hace ahora escasamente 5 años cuando entrábamos seriamente a plantearnos qué había sido del cuco.

Se veía claramente que su desaparición era casi total. Pero casualmente en Bullas encontrábamos un ejemplar idéntico a aquellos azules de las Ramblas, no sólo en forma sino también en carácter. 

Paralelamente descubrimos que en la Mancha había con el mismo nombre una raza no uniformizada ni estandarizada pero tradicional en la zona, aunque también en declive. Obtuvimos varios ejemplares, y de carácter eran muy similares al que conocíamos en Murcia, pero con aspecto más azuritado. Mantenía no obstante un tamaño similar y un genio casi idéntico, pero en el frontal de la cara se reflejaba una clara influencia de las zuritas.

Esto nos indicaba que en La Mancha había seguido otra evolución, pero que en este caso le había permitido sobrevivir claramente.

 

Los interrogantes del aspecto morfológico del cuco.

 

Nos referimos sin duda a un palomo conquistador, pequeño aproximadamente como una zurita, incluso a veces más corto. Con pico muy corto y con roseta ancha y abultada. Frecuentemente desarrollaba una verruga debajo del pico. Y siempre volador, muy buen volador. Siendo predominante los colores negros y azules, también había rosados. En otra ocasión ahondaremos sobre la morfología.

Hablar del cuco significa hablar casi con toda seguridad del antiguo palomo de casta español. Indicios de ello nos lo da la existencia de palomos con cierta afinidad como la del Gavatxut balear o de una de las líneas del buchón canario. Además, claro está de la existencia del cuco manchego, y por supuesto, del cuco murciano.

De ninguna manera vamos a entrar en la polémica inútil de si fue antes uno u otro. ¿Qué nos importa ahora hablar de si fue antes el huevo o la gallina?

Hay un factor histórico a tener en cuenta. Durante casi 800 años, la Península mantuvo en el período conocido como la Reconquista, grandes zonas despobladas. La Mancha y gran parte de Castilla en general permanecieron desertizadas poblacionalmente. En cambio, las zonas de Levante y sur de Andalucía mantuvieron permanentemente una población humana constante. La civilización, en estas zonas ha sido invariable a pesar de las diferentes invasiones históricas. Este factor hay que tenerlo en cuenta a la hora de hablar de palomos autóctonos. Con ello queremos decir que, al menos el Levante, ha sido un importante vivero de variedades y razas en animales domésticos.

Algunos querrían censurar la posibilidad mínima de que exista o haya existido el cuco murciano, pero en cambio pueden aceptar otras razas creadas por aficionados en los últimos 40 o 50 años, lo cual, dicho sea de paso, no criticamos en absoluto.

Estamos localizando el escenario en una zona o región (por favor absténganse de hacer lecturas nacionalistas o regionalistas) de donde más raíces han salido hacia otros lugares para formar las razas modernas. Esto es una realidad. El hombre levantino (el de Almería, de Murcia, de Alicante) ha sido poco espabilado a la hora de explotar su patrimonio colombófico. El palomo murciano, como ya hemos dicho, cumplía una función alimentaria y social muy antigua, ligada a una economía que hoy sería considerada como de sociedades pobres. Igualmente sucedía en la Mancha, pero algunos de sus aficionados nos contaba recientemente el fenómeno que dio lugar al cuco manchego: En esta región eran, y son, muy típicos los grandes palomares de zuritas. En muchas ocasiones, los propietarios veían cómo sus palomos criaban con sus palomas conquistadas, e incluso cuidando de que la mezcla no fuese excesiva, no se supo impedir, ni quizás se quiso, esa tendencia racial hacia la zurita. Tendencia que permitiría, por otra parte, pasar desapercibido al palomo ladrón, pues de lo contrario habría sido aniquilado por los propietarios de las zuritas. Por ese motivo, se fue decantando hacia el color casi unánime de azul y prieto.

En Murcia la situación era diferente. Había grandes cantidades de palomas caseras y de razas diversas. Había una vida rica de huertas y campos de cultivos con numerosos caseríos en donde las palomas criaban. Esta vida huertana favoreció casi de forma general la afición de la juventud al arte de las palomas, lo cual debió ser heredado desde tiempos ancestrales. Algunos quieren especular hablando de orígenes árabes, pero hay que recordar para quien no lo sepa, que los sistemas de la Huerta y del cultivo actual se remonta ya a tiempos de los romanos.

 

Conclusiones preliminares.

 

Partimos de una raza cuya existencia aún es real, aunque en vías de extinción.

Habida cuenta de la abundancia de razas que podríamos llamar artificiales (20 personas con una determinada línea de palomas ya pueden intentar crear una “raza”), si no fuera porque en realidad toda raza doméstica es artificial, ¿quién puede censurarnos por querer rescatar del olvido una línea o raza de palomos que los mayores pueden aún recordar? En todo caso, vemos de gran interés y con un valor añadido mayor, la recuperación y estandarización de todas las líneas o razas que han sido conocidas por las últimas generaciones en zonas determinadas. Este también es el caso, entre otros muchos, del cuco lorquino.

En resumen y para empezar a hablar y, por otra parte, para acabar la presente introducción, diremos que se trata de iniciar un camino en el que se deberían de tener en cuenta los siguientes puntos:

-No se trata de inventar una nueva raza, sino de recuperar una ya existente.

-Recuperar ejemplares que aún de forma dispersa pueden encontrarse.

-Definir sus rasgos morfológicos y caracterológicos, enfrentando el recuerdo de los palomistas mayores con los ejemplares encontrados.

-Iniciar un proceso de recuperación, de purificación de líneas hacia el modelo de lo que antaño fue, y que aún hoy pueda verse en los ejemplares que creamos más puros.

Nos referimos claramente a la línea del cuco murciano, que le llamamos murciano porque quizás sea en esta región y zonas limítrofes donde aún sobreviven algunos focos aislados con características semejantes. Pero somos conscientes que los pico-cortos han sido conocidos en muchas regiones, y que descendientes de ellos son algunas de las razas actuales.

Creemos que se está a tiempo de este rescate, y que, esta línea de palomos merece su lugar después de haber ocupado durante siglos un lugar tan importante en la vida de nuestros orígenes.

 

Paco Bas

28.01.2011

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